Todo en una maleta

29 agosto 2010

Aunque viajar está muy bien, tener que hacer la maleta no está tan bien. Ojalá tuviéramos todo lo que queremos allá donde vamos. Pero no, hay que hacer maletas y pensar en  lo que hay que llevar, qué tiempo va a hacer, dónde vamos a ir. En definitiva, aparte de tener que desplazarnos físicamente con el agotamiento que a veces conlleva, hay que hacerse a la idea de qué cosas importantes deben ir en ese equipaje que nos acompaña.

Hace un tiempo, antes de salir de casa para partir en un viaje me percaté de que había calculado mal el peso de las maletas y tuve que decidir que sacar de la maleta: decide en 5 minutos que es menos importante para reducir el peso en un par de kilos. Al fin y al cabo fue un ejercicio para tener en cuenta el peso y volumen de aquello que necesitamos para priorizar.

En viajes aéreos, para asegurarnos de las normas, nada mejor que preguntar a alguien que haya cogido un avión recientemente “ten cuidado que han reducido las dimensiones del equipaje de mano”, “ahora dejan menos kilos”, “si llevas líquidos tienen que ir en una bolsita…” menudo lío.

Parece que lo mejor sería viajar sin equipaje, o con muy poco. Debería ser suficiente con unos vaqueros que no necesiten estar siempre limpios y en cuyos bolsillos quepa todo lo necesario: cartera con dinero, documentación y teléfono móvil.  Una mochila con lo mínimo para el resto del viaje, y nada más.

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Dos temas para el siglo XXI

24 agosto 2010

Ya sabemos muchas cosas, no hay nada más que mirar la cantidad de libros, webs, investigaciones, documentales etc. que podemos encontrar del tema que queramos. El siglo XX ha servido para avanzar en grandes ciencias como la medicina que hizo incrementar la esperanza de vida unos 15 años. O la tecnología: el avance en las comunicaciones a distancia, la llegada a la Luna, etc. Aunque todavía queda por avanzar en los temas anteriores parece que todavía hay muchísimas incógnitas acerca de un par de objetos de estudio que nos afectan directamente: el universo y el cerebro.

Conocemos bastante bien las partículas más pequeñas que conforman el átomo aun sin poder verlas y sin embargo se desconocen los límites de lo más grande, es decir, del universo. De hecho, algunos físicos teóricos (prácticamente se puede decir que son filósofos) están hablando de que puede haber varios universos y también varias dimensiones más. Si ya nos parecía complicado entender lo de E=mc2, lo que nos espera va a ser todavía más complejo.

Por otro lado el cerebro que nos hace funcionar cada día y que es la obra más sutil de la evolución sigue siendo gran desconocido. Sabemos que partes tiene y en que procesos participan pero entender la respuesta que puede dar un cerebro ante un estímulo es todo un mundo. La genética y la interacción con el entorno parecen moldear el cerebro de cada persona para hacerlo único. Pero queda mucho por saber para resolver algunos problemas mentales o aprovechar toda la capacidad que tienen nuestras neuronas.

Seguramente en unas décadas se despejaran muchas dudas.


Las calles resisten

19 agosto 2010

En verano las calles de nuestras ciudades se vacían. Resulta curioso pasear por la ciudad el mes de agosto: las calles, los árboles, los bancos, todo sigue ahí en su sitio, pero casi no hay gente. Algunas de las calles se asfaltaron o embaldosaron hace 20 o 30 años, eso cuando no se han levantado para meter cables, agua, etc. , pero siguen ahí en verano.

Hace unos meses estuve en Bucarest (Rumanía), me llevé una buena impresión de su gente y su cultura. Sin embargo vi que junto a los innumerables peatones y vehículos que transitaban Bucarest, sus calles y edificios estaban muy grises, como si llevarán allí muchísimos años. ¿Para qué cambiar algo que sigue funcionando? Si funciona habrá que dejarlo ahí mientras pueda aprovecharse.

La sociedad de consumo va en contra de todo esto: hay que cambiar las calles. A mí me parece estupendo si estamos hablando de nuevas calles que van hacia nuevos lugares, u obras cuyo impacto económico a corto y largo plazo sean beneficiosas para la economía y el medio ambiente. Pero esto de renovar por renovar no me convence: dicen que hay que cambiar la avenida principal para que esté bonita, el campo de fútbol, cambiar la lavadora y el coche, etc.

Creo que sería mejor cambiar lo que no funciona, aunque sea nuevo, y mantener lo que funciona. Aunque algunas cosas sean viejas y no sean tan bonitas siguen haciendo su función tal y como hacen las calles por las que caminamos.