Las calles resisten

19 agosto 2010

En verano las calles de nuestras ciudades se vacían. Resulta curioso pasear por la ciudad el mes de agosto: las calles, los árboles, los bancos, todo sigue ahí en su sitio, pero casi no hay gente. Algunas de las calles se asfaltaron o embaldosaron hace 20 o 30 años, eso cuando no se han levantado para meter cables, agua, etc. , pero siguen ahí en verano.

Hace unos meses estuve en Bucarest (Rumanía), me llevé una buena impresión de su gente y su cultura. Sin embargo vi que junto a los innumerables peatones y vehículos que transitaban Bucarest, sus calles y edificios estaban muy grises, como si llevarán allí muchísimos años. ¿Para qué cambiar algo que sigue funcionando? Si funciona habrá que dejarlo ahí mientras pueda aprovecharse.

La sociedad de consumo va en contra de todo esto: hay que cambiar las calles. A mí me parece estupendo si estamos hablando de nuevas calles que van hacia nuevos lugares, u obras cuyo impacto económico a corto y largo plazo sean beneficiosas para la economía y el medio ambiente. Pero esto de renovar por renovar no me convence: dicen que hay que cambiar la avenida principal para que esté bonita, el campo de fútbol, cambiar la lavadora y el coche, etc.

Creo que sería mejor cambiar lo que no funciona, aunque sea nuevo, y mantener lo que funciona. Aunque algunas cosas sean viejas y no sean tan bonitas siguen haciendo su función tal y como hacen las calles por las que caminamos.