Malditos roedores

7 noviembre 2009

Al salir de casa se te acercan con curiosidad, se pasan el día correteando de aquí para allá y están por toda la ciudad. Son ardillas aunque son distintas a las europeas: hay varios tipos, aquí a la grande le llaman squirrel, a la pequeña chip (del tamaño de un ratón).

Reconozco que cuando llegué el primer día y las vi resultan entrañables. Están entre la gente. Parece que dan alegría y recuerdan que aunque estemos rodeados de edificios, también hay numerosos árboles y parques en el entorno. Se dice que hace años una ardilla podía cruzar la península Ibérica de norte a sur sin bajar de los árboles. Sin embargo tengo la impresión de que mientras España muestra un aspecto semidesértico, en EEUU todavía quedan muchas zonas con mucha vegetación y no tan explotadas por el hombre.

Siguiendo con las ardillas, con el tiempo no resultan tan agradables. Reconozco que a veces me he parado a observarlas y hacerme amigo de ellas, casi se dejan tocar si las llamas con la mano.  Pero lo malo es cuando va uno andando o corriendo y se te ponen delante, o te tiran frutos secos desde los árboles o te asustan al moverse desde los arbustos. Aunque para sorpresa la de ayer cuando iba corriendo por el campus norte y me encontré en medio de mi camino a tres ciervos pastando,  no se espantaron lo más mínimo, lástima que no llevara la cámara para hacerles una foto. También hay una asociación de estudiantes en defensa de la ardilla (Squirrel Club), como no.

squirrels