Un rally en autobús urbano

13 abril 2010

Dedico este post a los autobuseros, esta gente que no suelen dar los buenos días, tan (in)justamente criticada. Cogiendo cientos de autobuses urbanos se pueden ir identificando tres tipos de autobuseros o conductores de autobús.

-Conductor tipo Fórmula 1: Estos conductores corren todo lo que pueden, como intentando mejorar el tiempo en cada vuelta completa a la línea de autobús. Suelen cerrar las puerta (cuando las abren) antes de que termines de salir. Cogen las curvas como en un rally y pegan algún frenazo no apto para personas en las sillas reservadas. Se suelen saltar algún semáforo y suelen provocar una o dos broncas relacionadas con el tráfico en cada vuelta (por ejemplo, al salir a otro carril). Este tipo de autobús es ideal para el que llega tarde al trabajo.

-Conductor tipo bus-turístico: Va despacio sí o sí. Se para en todos los semáforos, me explico, no solo para en los que están ámbar o rojo, sino que reduce la velocidad cuando los ve en verde no vaya a ser que cambien de color. Es algo más despistado y parece que no tiene ninguna prisa en dar ni una vuelta más. Suelen llevar algún autobús ruidoso de estos que les cuesta acelerar. Este tipo de autobús es muy recomendable para abuelas mayores a mitad de la mañana, lo importante es llegar, no importa cuando; es como un bus turístico-aburrido. Este es el autobús en el que cuando está parado se pueden escuchar desde la radio del conductor las canciones de Cadena Dial y las protestas de Estudio de Guardia; esto cuando no hay un amigo del conductor dándole conversación al lado.

-Conductor profesional: Se detiene cuando tiene que detenerse, y aprovecha su carril cuando está vacío para acelerar y ganar tiempo. Abre la puerta siempre e incluso hace algún favor abriendo la puerta al que llega corriendo y llama a la puerta, al fin y al cabo su servicio es el de llevar a gente (y no solo el de ir por ahí dando vueltas). No crea problemas de tráfico pero llega a la hora. Este es el más recomendable para líneas de autobús muy transitadas donde el conductor profesional cumple con su servicio sin dar problemas a nadie.

Después de esto es cuando llegan las obras, las procesiones y las manifestaciones; es entonces cuando aún el conductor más profesional pierde los nervios, se comporta como un conductor de F1 y da un servicio peor que el de un conductor a la velocidad de un bus turístico. 

Anuncios

Ansiedad y angustias

1 febrero 2010

Esta mañana temprano mientas esperaba al autobús ha aparecido delante de mí, a unos 20 cm de mi cara, una señora de buen aspecto y mediana edad que ha comenzado con voz quebradiza la breve conversación que transcribo a continuación:

Ms: Buenos días
Yo: …
Ms: ¡Buenos días!
Yo: Buenos días
Ms: Padezco de ansiedad y angustias; tengo una hija en una silla de ruedas. Por favor, dame dinero, una ayuda.
Yo: … Lo siento pero no.
Ms: ¿No me das nada?
Yo: No.

Igual que ha aparecido se ha ido. Tengo muchas razones por las que automáticamente digo no a este tipo de peticiones; la principal de ellas es que en mi pueblo me enseñaron que ante el vicio de pedir está la virtud de no dar. Pero también creo que dar dinero promueve la mendicidad (o deberíamos decir mendacidad) y que no te puedes fiar de la primera persona que te para por la calle, entre otras razones. No obstante, a pesar de que ella no ha conseguido su objetivo, su actuación me ha parecido bastante real, y ha conseguido que durante los siguientes minutos me sintiera mal. Es lo que en psicología se conoce como Teoría de la Disonancia y que tanto se utiliza en publicidad para hacerte cambiar de actitud si no quieres sentirte mal (o te compras este producto o no eres nadie).

Sin embargo poco después pensándolo fríamente me he dado cuenta de que no debía preocuparme 1) si su triste historia era cierta confío en que los servicios sociales sepan evaluar con equidad y justicia lo que esta señora y su hija necesitan para ofrecérselo conforme sea debido; no soy yo la persona adecuada para ayudarle en su situación y menos para evaluarla y solucionarla un lunes por la mañana en la parada del autobús. 2) Por otro lado si todo era una farsa me alegro de no haber caído en la trampa, su historia parecía verosímil y le deseo lo mejor en su carrera como actriz profesional. También me acuerdo de los pobres haitianos, seguramente ellos lo necesitarán más.