Los ingleses y el mundo al revés

3 mayo 2010

¿Qué pasaría si hubiésemos aprendido que los Pirineos están al sur de la península Ibérica y Andalucía en el norte? ¿Qué pasaría si las autoescuelas enseñaran que hay que parar cuando el semáforo está en verde y pasar cuando está en rojo? Seguramente no pasaría nada.

Lo que sucede es que hemos aprendido bien un gran número de normas y costumbres a las que damos validez universal aunque también podrían ser válidas si fuesen totalmente al contrario. Por ejemplo: paramos cuando el semáforo está en rojo, movemos la cabeza de arriba abajo para asentir algo, o nos ponemos corbata si la ocasión lo merece. Estos comportamientos tienen su propia explicación histórica aunque seguramente serían otros bien distintos si hubiesen evolucionado de otra manera. Lo que está claro es que aunque parecen carecer de toda lógica, nos sirven para entendernos y hacer que todo funcione. Los países del sur podrían ser los países del norte y dibujarse en la parte de arriba del mapa y nada cambiaría.

A veces cuando viajamos a otros lugares o conocemos otras culturas nos sorprendemos de que la gente se comporte de otra forma en celebraciones, normas de educación, o en el día a día etc. Los británicos, y todos los países influenciados por su imperio, han sido unos maestros en esto de ser diferente al resto: conducen por la izquierda, tienen su propio sistema de medidas, etc. lo que provoca un despiste (y cierto cabreo) para los que somos ajenos a estos sistemas; además de un “coste de conversión”, malentendidos, accidentes,… Sin embargo podemos preguntarnos ¿y qué razón tienen para cambiar estas normas y parecerse al resto de Europa o del mundo, si son tan válidas como las que nosotros hemos aprendido?

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